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Finding my way to Lima from the Appalachian Mountains

  • Writer: Jorge Ramirez
    Jorge Ramirez
  • Aug 19, 2025
  • 6 min read

Throughout most of the year, the sun hides away from my city yet warmth is what I miss when I’m away from Lima. Screeching car engines, whistles, and neighbors constantly arguing are my love language. In isolation, I detest all of those things, but together, I’m convinced that they form a harmony, a chaotic anthropogenic mess of expression.


Positivity is mostly found in negative spaces in Lima, like the sincere laughter of a baby on the back of her begging mother or the flower of a plant poking out of the sea of concrete, and like the negativity that is everywhere so is there positivity growing through these cracks. When away, I’m reminded of the perks of being in a city, the endless traffic allowing my mom and I to have meaningful conversations, actively surrounded by inequality allowing me to be sensitized to it all ….. I long for my city. I long for a city that I know like the back of my hand from kicking and pushing a skateboard around. I long for a city where im aquatinted enough to assure my family I’m coming home for supper every night. I long for the companionship developed between friends skating and growing up in a crime-ridden city, staying close and away from those parts where our wheels have never spun, where eyes have never laid.


Redlining has never been adopted into legislative action here, but my city is organized to keep certain people away from others. By fortifying every house, positioning security guards at every block, and survailing gates at the entrance of our neighborhoods eases social disparities. If all else fails to drift crime away, cemented in broken glass bottles on top of the enclosing murals will be the ultimate boobytrap, so we trust in order to sleep at peace every night. Throughout generations in Lima, beginning from its colonial origins, stigmas strengthening ‘machista,’ and other Western ideals have cultivated a culture where socioeconomic, sexual, and racial differences define your place in the city. My place is a fraction of the capital, my neighbors are all here, but most neighbors are not. The city that I long for is listed at 12 Million residents, but the Lima my neighbors and I roam is so small that when I go visit, theres a solid chance we run into each other impromptu.


Back home from a small university town, Boone NC, and I completely disagree with any positive thought ever. The grass is greener on the other side, but rather then it being due to the health of the foliage, the strong green hue on the other side are weeds whom have grown over long dead grass. Disillusion arises from unlearning the culture’s indoctrination, disappointment then follows. Everything my eyes consume is hard to digest, attempting to harnest the light in the city gives me migraines. Many of my neighbors have grown accustomed to their privilaged beginnings, choosing to self-proclaim superior social hierarchy from carrying a family name this city reckons with. I can’t seem to understand the reasoning, grasping superiority in an inferior society which supports a caste system, social/ racial segregation, and half-ass appointed officials. My city creeps anxiety up my spine, and ever since I was a young boy I would ask: WHY MUST WE ACT LIKE EVERYTHING IS UNDER CONTROL?


As we choose to proceed, we seem accept the narrative written out for us back since 1821. Similarly to the liberated natives when the Argentinan general, Jose San Martin, led the Peruvian war for our independence from Spanish rule, we forcefully resist the urge for patriotism and accept the narrative written out for us . Lima has been a liberated city and the capital of Peru for the last 200 years, still we’re enchained to our mediocratic fight for sovereignty. The degree of ambigiouty of Peru’s true state of independence is so high historians believe the Venezuelan general, Simon Bolivar, actually liberated the nation in 1824. Did we ever believe we were free or just simply informed?


History has subjected the majority of the people to the faults of our stubborn ways, with the capital choosing to proceed without compassion to its march in circles, my city has turned into a deeply divided mess. Throughout most of the year, the sun hides away from my city, I don’t blame it. I long for complacency and innoccent, acting as the last thread to the quilt of comfort in my city, but when I left at 17, I knew I must go for a long, long time. Finally, here, I come to terms to the disillusion, I’m at peace and ready to quit longing, ready to go back and join the harmony, become part of the chaotic anthropogenic mess of expression.


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A Lima, Perú desde los Montes Appalachia


Durante la mayor parte del año, el sol se esconde lejos de mi ciudad, pero el calor es lo que extraño cuando estoy lejos de Lima. La bulla que hacen los motores de los autos, los silbidos y las discusiones constantes de los vecinos son mi lenguaje de amor. Aisladas, detesto todas esas cosas, pero juntas, estoy convencido de que forman una armonía, una expresion antropogenica desordenada y caótica.



Lo positivo se encuentra mayormente en los espacios negativos de Lima, como la risa sincera de un bebé en la espalda de su madre que pide limosna o la flor de una planta que asoma en el mar de cemento, y como la negatividad que está en todas partes, lo positivo crece a través de estas grietas. Cuando estoy lejos, recuerdo las ventajas de estar en una ciudad, el tráfico interminable que nos permite a mi madre y a mí tener conversaciones significativas, rodeado activamente por la desigualdad que me permite estar sensibilizado con todo… Anhelo mi ciudad. Anhelo una ciudad que conozco como la palma de mi mano por patear y empujar una patineta. Anhelo una ciudad donde esté lo suficientemente informado como para asegurarle a mi familia que vendré a casa a cenar todas las noches. Anhelo el compañerismo desarrollado entre amigos que patinan y crecen juntos en una ciudad asolada por el crimen, permaneciendo cerca y lejos de esas partes donde sus ruedas nunca giraron, donde los ojos nunca se fijaron.



La línea roja nunca se ha adoptado como acción legislativa aquí, pero mi ciudad está organizada para mantener a ciertas personas alejadas de otras. Al fortificar cada casa, colocar guardias de seguridad en cada cuadra y puertas de vigilancia en la entrada de nuestros vecindarios, se alivian las disparidades sociales. Si todo lo demás falla para alejar el crimen, cementado botellas de vidrio rotas en la parte superior de los murales que nos encierran será la última trampa explosiva, por lo que confiamos para poder dormir en paz todas las noches. A lo largo de generaciones en Lima, desde sus orígenes coloniales, los estigmas que fortalecen al machismo y otros ideales occidentales han cultivado una cultura donde las diferencias socioeconómicas, sexuales y raciales definen tu lugar en la ciudad. Mi lugar es una fracción de la capital, mis vecinos están todos aquí, pero la mayoría de los vecinos no. La ciudad que anhelo consiste de 12 millones de habitantes, pero la Lima que recorren mis vecinos y yo es tan pequeña que cuando voy de visita, hay una gran posibilidad de que nos encontremos improvisadamente.



De vuelta a casa desde una pequeña ciudad universitaria, Boone NC, y estoy completamente en desacuerdo con cualquier pensamiento positivo. El césped es más verde en el otro lado, pero más que debido a la salud del follaje, el fuerte tono verde en el otro lado son malas hierbas que han crecido sobre el césped muerta. La desilusión surge de desaprender el adoctrinamiento de la cultura, luego sigue la decepción. Todo lo que consumen mis ojos es difícil de digerir, tratar de aprovechar la luz de la ciudad me da migrañas. Muchos de mis vecinos se han acostumbrado a sus comienzos privilegiados, eligiendo autoproclamarse una jerarquía social superior por llevar un apellido con el que cuenta esta ciudad. Parece que no puedo entender el razonamiento, la superioridad en una sociedad inferior que apoya un sistema de castas, segregación social/racial y funcionarios designados a medias. Mi ciudad me sube la ansiedad por la columna vertebral, y desde que era un niño me preguntaba: ¿POR QUÉ DEBEMOS ACTUAR COMO SI TODO ESTÁ BAJO CONTROL?



A medida que elegimos continuar, parece que aceptamos la narración escrita para nosotros desde 1821. De manera similar a los nativos liberados cuando el general argentino José San Martín lideró la guerra peruana por nuestra independencia del dominio español, resistimos enérgicamente el impulso de patriotismo y aceptar la narrativa escrita para nosotros. Lima ha sido una ciudad liberada y la capital del Perú durante los últimos 200 años, todavía estamos encadenados a nuestra lucha mediocrática por la soberanía. El grado de ambigüedad del verdadero estado de independencia de Perú es tan alto que los historiadores creen que el general venezolano, Simón Bolívar, en realidad liberó a la nación en 1824. ¿Alguna vez creímos que éramos libres o simplemente informados?



La historia ha sometido a la mayoría del pueblo a las faltas de nuestra terquedad, optando el capital por proceder sin piedad a su marcha en círculos, mi ciudad se ha convertido en un revoltijo profundamente dividido. Durante la mayor parte del año, el sol se esconde de mi ciudad, no lo culpo. Anhelo la complacencia y la inocencia, actuando como el último hilo del edredón de la comodidad en mi ciudad, pero cuando me fui a los 17, supe que debía irme por mucho, mucho tiempo. Finalmente, aquí, llego a un acuerdo con la desilusión, estoy en paz y listo para dejar de añorar, listo para regresar y unirme a la armonía, volverme parte del expresión antropogenica desordenada y caótica


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